De profesion esclava

Llegué a mi casa agotada y fingí delante de mi hermana que no pasaba nada. Ya tenía suficientes problemas y las preocupaciones solo harían que le costase más recuperarse. Me acosté temprano pensando en lo que había ocurrido. Había conseguido conservar su empleo pero ¿a costa de qué? ¿Cómo podría seguir trabajando en la misma empresa? ¿Cómo podría seguir trabajando para él? Tenía demasiadas cosas en la cabeza hasta que el cansancio pudo conmigo y me quedé dormida.

A la mañana siguiente cogí el autobús y me dirigí a la empresa. Seguía pensando cómo reaccionar a lo ocurrido. Lo que no me esperaba es lo que ocurrió.

Nada más entrar me dirigí a la oficina de mi jefe. Me estaba esperando con otros dos hombres con maliciosas sonrisas. Los presentó como un abogado y un notario que estaban por el contrato de trabajo que iba a firmar. También había una cámara de video dado que según el notario la necesitaban como prueba. No lo entendía. Nunca había oído hablar de un contrato laboral en que se requiriese la presencia de un abogado y menos de un notario, pero cuando leí el contrato lo entendí.

<<Durante la jornada laboral el empleado deberá hacer cualquier cosa que le pida el empleador exceptuando cualquier acción que pueda suponer algún daño físico al empleado. La jornada laboral será de cuarenta horas semanales de lunes a viernes pudiéndose alargar por necesidades de la empresa. También es posible que se deba trabajar los fines de semana y festivos si es necesario para el negocio.>>

¿Qué significaba “cualquier cosa”? El día anterior la había follado, ¿significaba que la podría violar siempre que quisiese? Además, lo de las necesidades de la empresa era bastante relativo para mi jefe. No era extraño que fuese algún día a la empresa solo para asegurarme de que la había dejado cerrada u otro tipo de acciones inútiles. En esos casos él alegaba que estaba en reunión de negocios y que no podía ir, cuando en realidad estaba de putas. En esos casos no me podía quejar ya que me respondía que era trabajo de secretaria. Pero con este contrato estaba claro que sería peor.

Lo único bueno era el sueldo. Era más del doble de lo que cobraba antes. Eso me llevaba a preguntarme, ¿Cómo podía ofrecerme ese sueldo si el día anterior me había dicho que la empresa estaba en crisis. Entonces lo entendí. La empresa iba bien, pero mi jefe era un capullo mentiroso y avaricioso. Deseé darle un buen puñetazo en la cara y romperle la nariz.

  • ¿Esto es legal? – Pregunté.
  • Con la nueva reforma laboral del gobierno gaviota sí. – Respondió el abogado.
  • Pero si lo que me está pidiendo es que sea su esclava.
  • Trabajador altamente comprometido. El gobierno ha intentado evitar esa palabra. Al menos cobras.
  • Pues se parece bastante.
  • ¿Y qué esperabas? ¿No te has fijado en la cantidad de pérdidas de los derechos laborales que se han producido? Que ocurriese esto solo era cuestión de tiempo.

Firmé el documento ya que me ofrecía suficiente dinero para ayudar a mi hermana. Me prostituiría por ella y cuando se hubiese recuperado abandonaría la empresa. Estaba convencida de ello.

  • Esto no es suficiente. – Esta vez habló el notario. – Tienes que decir unas palabras frente la cámara.

Me dio un papel para que lo leyese que dejaba ya claro las intenciones de mi jefe. Me sentía impotente y no pude evitar que una lágrima se resbalase por mi mejilla. Con furia me dirigí a la cámara y lo leí.

  • Yo Clara Martinez, en pleno uso de mis facultades mentales, me ofrezco a ser la esclava sexual de John Adrian para complacerlo en lo que él desee y le doy libre acceso a cada uno de mis agujeros para su placer.

“Que hijo de puta” Pensé.

  • Y ahora para celebrarlo te puedes quitar la ropa. – Dijo mi jefe mientras abría una botella de champan.

Me desvestí mientras los tres hombres se quitaban los pantalones y los calzoncillos. Sus intenciones eran bastante obvias. El campan no era para mí. Solo había tres copas para los tres hombres. Para mí lo que había eran tres penes. De los tres, solo el miembro de John era colosal. Sin embargo eso no hacía que fuese menos humillante.

Estaban de pie, brindando y vanagloriándose de lo que habían conseguido  y de su masculinidad mientras yo me hallaba de rodillas y había comenzado el trabajo.  Introducía un miembro en la boca hasta que se empalmaba, después pasaba al segundo, luego al tercero y finalmente volvía al primero y repetía el proceso. De mientras, para evitar la espera, iba pajeando a los penes que no tenía dentro de mi boca. Estuve lamiéndolos durante un rato, tomándomelo con calma, hasta que uno de ellos habló.

  • ¿Quién va primero?
  • Tendréis que conformaros con su coño y su boca, la entrada trasera aún no está lista. – Respondió mi jefe.

Me tumbaron boca arriba en el escritorio del despacho. Al parecer el notario sería el primero en disfrutar de mi coño mientras que yo seguiría chupando el miembro del abogado.  Cuando el notario me invadió no pude evitar gemir.

  • Tenías razón. Está tan mojada que ha entrado con facilidad. Me parece que va a disfrutar con su trabajo.
  • Sí, creo que me tendría que pagar ella a mí por esto. – Respondió John y los tres se pusieron a reír.

Mi jefe se había echado a un lado y me miraba mientras esos dos extraños me violaban el coño y la boca. No paraba de decir estupideces machistas pero yo no me podía quejar. Tenía la boca llena. De repente al que le estaba haciendo una mamada se cansó y se subió al escritorio. Después se puso de rodillas y dejó caer su pene entre mis pechos. A continuación cogió con cada una de las manos uno de mis pechos y comenzó a hacerse una cubana. Sin embargo quería algo más de mí y tuve que seguir utilizando mi boca con la parte que sobresalía de su miembro. No duré mucho en esa posición, ya que mi jefe se unió a la fiesta y comencé a chuparle el pene.

Allí estaba yo, tumbada boca arriba, con un notario jodiendome, un abogado haciéndose una cubana y yo haciéndole una felación a mi jefe. Era un simple objeto sexual para esos hombres.

Mi jefe se retiró justo antes de que el notario se corriese dentro de mí y al hacerlo me provocó un fuerte orgasmo. Las últimas gotas sin embargo decidió dejarlas caer sobre mi vello púbico ya que le pareció gracioso. El abogado me cogió la cabeza y la atrajo hasta su polla cuando comenzó a correrse, intentado que su corrida entrase en mi boca, pero tardó demasiado y la mayoría me manchó la cara. Aun así pude probar el sabor de su semilla.

Estaba exhausta ya que había tenido que complacer a esos dos hombres pero John todavía no se había corrido. Se puso entre mis piernas y continuó el trabajo del notario. A pesar de todos los jugos de mi vagina, el miembro del notario no se podía comparar a la verga de mi jefe. Volví a correrme cuando mi vagina sintió como entraban esos dieciocho centímetros de carne y me corrí una tercera vez cuando mi jefe descargó dentro de mí. Hasta ese día nunca había sabido lo que significaba tener un multiorgasmo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*