De profesión esclava

El día siguiente era un viernes. Estaba un poco preocupada por lo que me pediría que hiciese el fin de semana sin embargo no podía negarme a ir a trabajar.

Ya en la oficina entregué el paquete a mi jefe quien me miró sonriente y lo abrió delante de mí. Se trabaja de juguetes sexuales, botes de pintura y un poco de ropa.

  • Quítate la ropa. – Me dijo y como un autómata le obedecí. – A estas alturas ya deberías saber que este será el procedimiento estándar.

Después de eso me puso a cuatro patas y me folló salvajemente. Se corrió mucho antes de que pudiese sentir placer y por alguna razón eso me enojó. Sin poderme incorporar me puso lubricante en el ano y me introdujo un pequeño dildo.

  • Ya va siendo hora de que entrenes el año. Si tienes que ir al lavabo te lo puedes quitar hasta que te vacíes, sino no te lo puedes quitar sin mi permiso. Incorpórate. Tienes mucho bello aquí abajo. – dijo mientras toqueteaba mi vello púbico. – He concertado una cita con un centro estético. Vístete y ves. Ya les he dicho lo que quiero. Te espero este mediodía.

Estaba muy sorprendida por esta intrusión, sin embargo después de todo lo ocurrido no me podía quejar. Me fui al centro con el dildo en mi culo.

Cuando llegué y di el nombre de mi jefe no me extrañó nada lo que había programado. Depilación completa. Me explicaron que se tenía que realizar en varias intervenciones a lo largo de seis meses y que una vez terminado no me volvería a crecer vello en el pubis. No me preocupaba ya que no esperaba ser la esclava de mi jefe tanto tiempo. Intentaría abandonar la empresa el primer mes.

Cuando me quité la ropa, la esteticien vio lo que tenía en el culo. La situación fue bastante incomoda ya que no podía explicarle que hacía eso allí. Igualmente diese la explicación que diese iba a pensar mal. A pesar de eso la chica hizo su trabajo y me quitó hasta el último pelo del coño. Después me puso una crema hidratante para que no me quemase pero no perdió la oportunidad de introducirme un par de dedos dentro.

  • ¿Qué haces? – Grité.
  • No me dirás que no has venido a por esto. Vienes a una depilación completa con un dildo en el culo. Ya sabías a lo que venias.

Después me dio un profundo beso en la boca. Estaba muy asustada ya que nunca había practicado sexo lésbico, sin embargo la chica no perdió la oportunidad. Mientras me metía la lengua hasta la garganta sus mágicos dedos trabajaban mis otros labios. Me tumbó mientras con una mano acariciaba mis pechos y con la otra ya había conseguido meter los cinco dedos e intentaba introducir toda la mano. Al principio fue bastante lenta pero yo estaba muy humeda y no tardó en hacerlo muy rápido. Su boca me devoraba y su mato no tenía compasión con mi coño hasta que al final me corrí brutalmente.

Estaba agotada pero ella no había terminado. Se quitó la falda y las bragas y mientras permanecía tumbada se sentó encima de mi cabeza y me dijo.

  • Ahora me toca a mí disfrutar.

Comprendí lo que quería. Saqué la lengua y comencé a lamer su coño con voracidad. No sé si era por el orgasmo o porque siempre había sido así pero el sabor de su vagina me pareció un manjar. No dejaba de lamer, cada vez más profunda y rápidamente hasta que ella no tardó en correrse en mi boca.

Después de eso me lanzó una sonrisa pícara, se vistió y se fue. Cuando yo me fui me di cuenta de que todas las empleadas me lanzaban la misma sonrisa. La muy zorra había tardado poco en contárselo a sus compañeras.

 

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