El tren nematodo

  • Hey Aitor. Cuánto tiempo sin verte. ¿Cómo va todo?
  • Bien y ¿tú?
  • También bien. Ahora mismo he quedado con Pedro para ir a un escape room de esos. ¿Por qué no te vienes? Vamos en metro.
  • No pienso meterme en uno de esos infernales aparatos. Ni loco.
  • Pero, ¿Por qué dices eso? Solo es un tren que viaja bajo tierra. Miles de personas viajan en ellos cada día. ¿Acaso te da miedo? ¿Tienes claustrofobia?
  • No, que va. Es que se parece demasiado a un gusano. Arrastrándose y viajando por agujeros bajo la tierra.
  • Si bueno. Supongo que se basaron en los gusanos para construirlo pero ¿qué tiene eso que ver? No existen gusanos de ese tamaño.
  • ¿Tú crees?
  • ¿Cómo? Me estas asustando. No creerás en serio eso, ¿no?
  • Está bien. Te lo contaré. Pero necesito una copa. Vamos a ese bar. Camarero, ponme un whisky doble.
  • Sí que vas fuerte. A mí solo un quinto. A ver, ¿Qué te pasa? Me estás comenzando a asustar.
  • No espero que me creas. A decir verdad a mí me cuesta creerlo. Hace tres meses, cuando me fui de vacaciones y tuve una experiencia muy extraña. Has de saber que me he ido a Georgia, a visitar la cueva de Voronia, pues quería hacer espeleología en la cueva más profunda del planeta.
  • Es verdad. Recuerdo que te encantaba ese deporte. Entonces al final te decidiste.
  • Sí. Y si descartamos el incidente me gustó bastante la experiencia.
  • Ahora me dirás que te encontraste con un gusano gigantesco en esa cueva.
  • Déjame continuar. Estuve descendiendo durante horas antes de perderme. En estas actividades tienes que ser muy cuidadoso ya que te juegas la vida. Unas de las normas básicas es no hacerlo solo, comprobar el equipo antes de comenzar y no separarte del grupo. No puedo explicar por qué lo hice, pero me separé. Lo más que puedo decir es que algo me atraía de una de las grutas. Era como si estuviese hipnotizado. Eso explicaría también por qué no salí corriendo cuando vi a la criatura. No sé cuánto tiempo pasó desde que me perdí, pero debió ser mucho ya que al llegar a mi destino tenía mucha hambre y me dolían todos los músculos. Llegué a una bóveda enorme. Las luces que proyectaba mi linterna reflectaban con los minerales de las paredes produciendo hermosos colores. Ese me parecía un buen sitio para descansar mientras pensaba como salir a la superficie. Estaba extrañamente tranquilo y si lo piensas con detenimiento no parece muy lógico que me enfrentase a la muerte con esa templanza. Durante el descanso no paraba de observar la bóveda recorriendo mi vista de un lado a otro de esta hasta que finalmente lo vi. Al principio no lo reconocí. Supongo que mi cerebro no era capaz de asimilar que algo tan espantoso pudiese existir pero cuando me acerqué a analizarlo mejor el horror me invadió. No era un gusano normal y corriente, no solo por su tamaño, sino porque estaba cubierto de protuberancias parecidas a granos inmensos de pus de donde salían pelos de entre dos y tres metros de longitud. Era de un color grisáceo enfermizo y su boca estaba cubierta de gigantescos colmillos de un amarillento desagradable. Como las fotos de los dentistas mostrando dientes con mucho sarro. La criatura claramente desencajaba en una estancia tan bella por lo que su presencia resultaba aún más repulsiva. Al comprender lo que veía me quedé paralizado. Creo que grité, la verdad es que no estoy seguro, pero instantes después me dolía bastante la garganta por lo que supongo que así fue. El ser levantó la mitad de su cuerpo y noté que me observaba. No tenía ojos, pero estoy convencido de ello. Abrió la boca y antes de poder reaccionar me engulló.
  • Entonces explícame ¿cómo es que estás aquí? ¿Cómo es que sigues vivo? ¿No ves que tu relato no se aguanta por ningún lado?
  • Por favor. Déjame terminar. –Aitor miraba la copa pensativo y por primera vez su compañero vio la sombra del miedo en su rostro. – He dicho que me engulló. Ni me masticó ni me digirió, solo me trago, y conmigo mi linterna. No sé qué habría sido peor, ver lo que había dentro o no verlo. Si la linterna se hubiese quedado fuera el terror a no saber habría sido difícil de soportar, pero el ver, ¡el ver! ¡Marcos! ¡Eso era horrible! Me encontraba en una cavidad hueca. Parecía un pasillo alargado pero las paredes eran carnosas y estaban compuestas por cientos de pliegues. Entre los pliegues se veían siluetas que se asemejaban a rostros de personas, de seres humanos gritando. Y de los ojos y boca de estos seres salía de vez en cuando una viscosa sustancia verde. Creo que enloquecí, si no lo había hecho antes, pero no lo suficiente para tocar esa cosa. Notaba que mi carcelero se movía y sabía que no saldría de donde me encontraba pero una extraña fuerza me impulsó a seguir adelante por lo que comencé a recorrer el extraño pasillo. Al poco rato me encontré con otros gusanos dentro del que me había devorado, pero estos eran más pequeños. No debían medir más de dos metros. Estos se giraron hacía mi mientras pasaba pero ninguno de ellos me atacó. Se limitaban a realizar un chillido muy agudo, algo así como Nyaaaaak. Creo que entendían mi idioma pues cuando les grité que se apartaran así lo hicieron. Continué explorando el pasillo ya que quería saber cuál iba a ser mi tumba. No me preguntes que pensaba en ese momento. No pensaba en mi familia, ni en mis amigos. Tampoco pensaba en mi supervivencia. Mi mente había colapsado por el terror. Pero algo me impulsaba a hacer todo lo que te estoy contando. Finalmente llegué al final del pasillo. Al principio me confundió ya que creí que me había perdido y había vuelto al inicio, pero ¿cómo alguien se puede perder en un camino recto? Al parecer el gusano tenía otra particularidad que no había notado antes y es que tenía dos bocas. Una por delante y otra detrás y yo había recorrido el camino entre ellas. Otra cosa que noté es que no encontré órganos vitales,ni corazón, ni estómago, nada, pero lo que sí que escuchaba era un extraño ruido como un chirriar. Como si todo hubiese estado coordinado, antes de poder pensar que iba hacer, esta segunda boca comenzó a abrirse. Era mi oportunidad de escapar. No sabía dónde me había llevado pero estaba convencido que cualquier sitio era mejor que ese. Que inocente fui. El gusano no había descuidado su presa sino que quería que saliese. Una poderosa ráfaga de aire caliente recorrió el pasillo y me expulsó violentamente del gusano antes de que yo saltase. Reaccioné por puro instinto de supervivencia, me agarré a uno de los gigantescos pelos del gusano quedándome colgando en el aire y lo vi y al verlo lo comprendí. Marcos, comprendí aquello que está prohibido comprender al ser humano. El chirrido que antes había escuchado en realidad se trataba de millones de gritos de personas. Gritos de terror, gritos de dolor y gritos de auxilio. Allá donde miraba veía a alguien siendo torturado o huyendo de algo. No podría describirte las atrocidades que vi pero lo que te puedo decir es que me encontraba en el infierno. La maldita criatura me había llevado al infierno. – Aitor se puso a llorar mientras lo contaba. – No estuve mucho tiempo ahí ya que el gusano me volvió a engullir. Supongo que ese no era mi destino final y que solo me estaba mostrando ese horrendo lugar.Cuando volví a salir me encontraba ya en la superficie, cerca de donde nos encontramos ahora mismo, a pocos kilómetros. Y ahora contéstame. Después de lo que te he contado ¿Te atreverías a entrar en el metro?
  • No puedes estar hablando en serio. Tío, tienes un problema. Me estas asustando. Deberías hablar con un profesional.
  • No me crees. Es normal, si yo no lo hubiese vivido yo tampoco lo creería. Pero entonces, ¿Explícame esto?

Con dificultad Aitor se quitó la camiseta para mostrar un repugnantes torno grisáceo con varios enormes granos con pus cubriendo. El aspecto era parecido al del gusano que había descrito. Y Marcos, atónito, pudo escuchar un agudo chillido.

  • ¡Nyaaaak!

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