La armonía del caos

Elena insistió mucho en que su marido no fuese a trabajar, ya que presentaba una hipotermia algo extraña, pero Marc quería aclarar las cosas lo antes posible por lo que la tozudería de él acabo con la preocupación de ella.

Cuando llegó al trabajo se encontró que todos estaban preocupados.

–          ¿Qué coño pasó ayer? Has puesto en peligro la seguridad de todos. ¿Dame una razón para que no te despida? – Le saludo Felipe

–          La situación está en un punto muerto. – Continuó Rubén. – Los militares no son capaces de acabar con esa cosa, pero los seres que salen de ella parecen morir al poco tiempo.

–          No sé qué pasó. Si no fuera imposible diría que nos piratearon el sistema.- Contestó Marc. – ¿Los militares han traído mi ordenador? Necesito mirar los logs.

–          Me han dicho que han establecido un perímetro de seguridad y no piensan entrar. Solo se preocuparán de que ninguna de esas cosas salga. Aunque no creo que salgan, se mueren nada más aparecer. El que más tiempo ha durado ha sido quince segundos. – Informó Paris.

–          Esto me recuerda a la guerra de los mundos. Seguro que los virus de nuestro mundo están haciendo estragos en sus organismos y por eso se mueren. – Esta vez quien contestó fue Hilda. Una administrativa de unos treinta y tantos amante de la literatura y del cine.

–          Sea de una forma u otra es probable que solo sea cuestión de tiempo para que se adapten. Tengo que recuperar mi ordenador y descubrir que pasó. – Dijo Marc mientras se dirigía de regreso a la puerta para irse.

–          ¿A dónde crees que vas? ¿Después de lo que has montado ahora te largas? Estas despedido – Le continuó sermoneando Felipe, pero este lo último que vio fue la peineta que le hizo Marc al salir por la puerta.

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