La armonía del caos

Mientras Marc se dirigía a su coche, llamó a su esposa.

–          Cariño. Tengo algo que hacer en la zona del experimento. ¿Puedes reunir a todos los amigos que asistieron al evento?

–          Si claro. Ahora me pongo. – Contestó Elena. – ¿Cómo te está yendo el día?

–          Pues podría ir bastante mejor. Felipe me ha despedido, pero no te preocupes, cuando se calme me volverá a contratar. Soy su mejor investigador y con diferencia. – Vaciló Marc. Quizás no sería tan bueno, pero poseía una visión de si mismo bastante generosa. – Necesito que todo el mundo esté esta tarda. A las seis.

–          Pero a las seis es muy pronto. ¿No puede ser más tarde?

–          Elena, esto es serio. Que sean puntuales.

Marc estaba bastante preocupado con lo ocurrido. ¿Y quién no lo estaría? Su experimento fue un fracaso, provoca la apertura de un portal a quién sabe dónde y comienzan a salir engendros que ni en las peores pesadillas hubiera imaginado. Pero tenía la sensación de que la cosa iba a ir a peor, y necesitaba sus herramientas. También se hallaba tranquilo con el despido, ya que ahora podría disponer de tiempo para investigar y solucionar el problema. Odiaba cuando su jefe estaba encima de él y no le dejaba avanzar por preguntas estúpidas. Ahora no tendría ese problema.

Antes de dirigirse a su casa, pasó por una tienda a comprar materiales. Los necesitaría para la investigación. Compró bolsas, cuerdas, un par de ordenadores, discos duros, más de cien metros de cableado eléctrico y de red, y diversas cosas más. No estaba preocupado por el dinero, ya que antes de la crisis había podido ahorrar suficiente y había creado un fondo personal que utilizaba para caprichos que no quería que conociese su esposa.

La compra le llevo más tiempo de lo que había supuesto, y llego a su casa a las seis y media, media hora más tarde de lo que había planeado, y se encontró con muchas más personas de las que había supuesto.

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