La armonía del caos

Allí presentes estaban todos los que habían asistido a la prueba en su nombre, inclusive las niñas. Al ver esto, Marc cogió a su esposa por el brazo y la separo del grupo con intención de entablar una conversación.

–          ¿Pero qué has hecho? No nos vamos a ir de excursión. Vamos a la zona donde aparecen esas criaturas. ¿Qué hacen aquí las crías de Tania?

–          Me dijiste que reuniese a todos y eso he hecho. – Respondió Elena

–          Está bien, está bien. Voy a ver cómo me lo monto.

Marc, a pesar de estar enfadado por la situación, no fue muy duro con Elena, pues le daba la impresión de que había encogido, probablemente por la vergüenza del error según el pensamiento de Marc.

En ese momento se acercó Nuria y le comentó a Marc.

–          He tenido una visión muy fuerte. La más fuerte de mi vida. A decir verdad fue tan fuerte y tan clara que no me di cuenta de que era una visión hasta que termino.

–          ¿De coño qué me estás hablando? – Qué Marc hubiera perdonado a Elena no significaba que no fuese a descargar su rabia contenida con otra persona, y su cuñada con sus supuestas visiones era la candidata perfecta.

–          Escúchame Marc. Escúchame por una puta vez en tu vida. He visto un demonio. Tenía las facciones alargadas, como si de un depredador se tratase. Sus brazos y piernas estaban cubiertas de pelo y acabadas en garras. De su cintura, también peluda, salía una cola alargada y delgada que se movía como un látigo. El resto del cuerpo lo tenía desnudo y sin bello. Y de su espalda, dos enormes alas de murciélago se agitaban. Tenía hasta dos pequeños cuernos que le salían de la frente. Ese ser estaba despedazando a Lluc. – Le gritaba desesperada Nuria a Marc.

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