La armonía del caos

Speed fue el único que reaccionó a tiempo, ya que el resto del grupo estaba confusos por el hecho de que una niña pudiese dar semejantes saltos.  Zaira desapareció tras la puerta  seguido por Speed, poco después los otros chicos los siguieron.

Paris, al ver lo que había realizado su hija decidió actuar.

–          ¿Me podéis vigilar a Maica? Ahora vuelvo. – Les dijo a sus amigas mientras ella se encaminaba hacia la puerta donde había desaparecido su otra hija.

Sus amigas por otro lado no pudieron reaccionar a tiempo, y cuando cogieron a Maica, Paris ya estaba a mitad de camino de la puerta.

El grupo de chicos al llegar a la puerta se encontraron con que habían perdido la pista de Speed y Zaira. ¿Hacia dónde habían ido? ¿Habían cogido el camino de la izquierda o el de la derecha? Por ninguno de los dos se veía rastro de ellos. Ante ellos dos pasillos de plástico y llenos de puertas tanto a un lado como al otro. Sergio fue el primero en hablar.

–          Tenemos que separarnos. Un grupo por un camino y el otro por el otro.  Lluc conmigo por la izquierda y los dos hermanitos por la derecha.

–          Sabía que no debíamos haber traído a las niñas. Es que ni para hacer de señuelo sirven. Espero que puedan distraer los soldados suficiente tiempo, aunque ya duro que sea suficiente. – respondió Marc.

El grupo estaba preocupado. Ya era suficientemente raro que hubiesen podido entrar, pero que no se encontrasen ningún soldado durante la búsqueda de Zaira y el disco duro ya sería un milagro. Los cuatro cogieron sus respectivos caminos y se separaron desconociendo lo que podían encontrarse.

Poco después Paris entro sola en la estructura y se encontró con los dos caminos vacios. Estuvo tentada a gritar el nombre de su hija, pero se contuvo. Si un soldado la encontrase le sería imposible buscar a Zaira.

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