La armonía del caos

Marc se dirigió a su trabajo. Llegaba puntual, pero a pesar de ello era el último en llegar y esto se debía al nerviosismo que imperaba por la prueba. Saludo a su jefe directo, un chico bastante más joven y más atractivo que él nombrado Rubén.  Frecuentemente Rubén utilizaba sus conquistas amorosas como si fuese algo interesante. Por el contrario, Marc siempre ha sido bastante tímido y serio, lo que no había facilitado una relación con las mujeres. Él no se consideraba feo, con metro ochenta, moreno y sin sobrepeso, podría pasar como una persona del montón, al contrarío que Rubén, de pelo castaño y un poco musculado. A pesar de la situación los comentarios de Rubén no molestaban a Marc, ya que hacía poco que se había casado y estaba completamente enamorado de su esposa. Lo que sí que le molestaba era la costumbre que tenía Rubén para omitir información relevante del proyecto necesaria para que pudiese realizar su trabajo, algo que ocurría a menudo.

Marc se sentó en su sitio y comenzó a encender las maquinas. Junto a él se encontraban Rubén y un joven chico al que habían contratado hace pocos meses. Si algo salía mal sería culpa de ellos, pero era demasiado tarde para pensar en eso. El proyecto tenía más integrantes, pero ellos se dedicaban a otros puntos del proceso. El responsable del proyecto, un tipo bajito y regordete  llamado Felipe, se encontraba muy bien reunido junto al ministro de Fomento y a un Coronel del ejército.  La apariencia y el sentido del humor de Felipe habrían confundido a cualquiera pues parecería el de un pueblerino, sin embargo era un tipo muy inteligente que se había ganado el respeto de Marc, aunque este duraba que el sentimiento fuese mutuo.

Las maquinas comenzaron a encenderse. La prueba se realizaría en una pequeña habitación de paredes de cristal. Dentro de la sala había un taburete con una manzana encima. Era irónico que se escogiese para la prueba el mismo fruto del pecado para dicha prueba, y si Marc no hubiera estado tan nervioso seguramente habría hecho algún comentario. Lo primero era identificar la onda armónica de la sala. Después vendría reproducir la onda mediante luz y sonido. El tercer paso sería anular la onda original. Este proceso se podría resumir en darle el cambiazo a Dios. Si justo en ese momento la luz se hubiese cortado la habitación habría desaparecido, y los miembros del proyecto habrían estado expuestas a una potente implosión. Por suerte unos potentes generadores evitaban esa posible falla.

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