La armonía del caos

Durante el camino de regreso, Zaira no había dejado de molestar a Speed con preguntas absurdas y en voz alta. Speed estaba preocupado por si algún soldado los encontraba, y la niña no facilitaba mucho la labor. Cuando llegó a su límite se giró y le gritó a Zaira bastante cabreado.

–          ¡Quieres callarte de una puta vez niña del demonio!

Lamentablemente Speed no se fijó que cuando gritó se encontraba justo a la espalda de un soldado que estaba apuntando a sus amigos con una ametralladora.

El soldado, que ya estaba bastante estresado y nervioso, al escuchar el grito a sus espaldas, se giró apretando el gatillo. Una ráfaga de balas salieron disparadas del arma, chocando las primeras contra la pared del pasillo, pero las últimas dirigiéndose hacia Speed. En ese momento Speed se dio cuenta de la situación en la que se hallaba, pero era demasiado tarde, pues las balas cuyo destino era arrebatarle la vida ya habían sido disparadas. Se quedó paralizado mientras su mente trataba de analizar la situación mucho más lentamente de la velocidad de los proyectiles, pero estos comenzaron a detenerse y a hacerse más lentos conforme se acercaban a él. Al final las balas se quedaron suspendidas en el aire, a medio camino entre el arma y su cuerpo. Todos a su alrededor se habían detenido también. Era como si el tiempo se hubiese detenido.

Por fin su mente había terminado de procesar toda la información, sabía lo que tenía que hacer, si se tiraba al suelo las balas pasarían por encima de su cabeza sin tocarle. Por alguna razón las balas detenido, pero en la situación que estaba no podía pensar en este extraño suceso. Intentó tirarse al suelo para escapar de su muerte ya anunciada, pero entonces se dio cuenta de que él tampoco podía moverse.

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