La armonía del caos

Los otros compañeros no contestaron, dado que estaban más pendientes de la proeza que había realizado Zaira.

–          Disculpa, ¿decías algo? – Inquirió Marc aún confundido por lo sucedido.

–          Qué se ha detenido el tiempo. ¿Es que no os habéis dado cuenta? – Repitió Speed.

–          El tiempo no se puede detener. No digas bobadas. – Finalizó Marc dejando a Speed molesto, pero a la vez entendiendo que no iba a conseguir nada replicando.

–          Deberíamos salir ya. Nos deben estar esperando fuera y estarán preocupados. – Dijo Kevin.

A todos los miembros les pareció una buena idea salir de ese sitio. Habían tenido mucha suerte, pero no sabían cuando esta acabaría.

Maica se comenzaba a poner histérica por no estar con su madre. Aunque muchas veces Nuria se había encargado de ella, la niña seguía estando muy enmadrada y constantemente solicitaba la atención de su madre. Hoy estaba especialmente insoportable y Nuria decidió que entrarían para ver si encontraban a Paris. Sabía que no era buena idea, pero mejor eso que soportar a la niña en pleno berrinche.

Cuando el grupo de Marc, Kevin, Paris, Speed y Maica se acercaban a la salida, comprobaron horrorizados como un ser proveniente del infierno estaba desperezando a su amigo Lluc. Los brazos, la cabeza, las entrañas de su amigo caían al suelo como si de un puzle se tratase, cachito a cachito. La criatura tenía las facciones alargadas, como si de un depredador se tratase. Sus brazos y piernas estaban cubiertas de pelo y acabadas en garras. De su cintura, también peluda, salía una cola alargada y delgada que se movía como un látigo. El resto del cuerpo lo tenía desnudo y sin bello. Y de su espalda, dos enormes alas de murciélago se agitaban. Tenía hasta dos pequeños cuernos que le salían de la frente. Era tal y como Nuria había descrito en su visión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*