No humano 2

– Deseo ver al gerente.
– De acuerdo. ¿Quién digo que le ha venido a ver?
– Soy la reina del Invierno.
Carlos se quedó congelado, no por el hecho de estar presente a semejantes criaturas sino porque Francine era la reina del Invierno y esa mujer no era Francine. Debía de estar haciéndose pasar por ella. Sin embargo, eso significaba que Francine se debía parecer a esa mujer en una anterior vida para que la impostora se presentase con dicho aspecto.
Acompañó a la visita y se vio obligado a dejarles solos pese a que quería escuchar la conversación. Después bajo para encontrarse con Juno, su responsable, quien llevaba una bandeja de galletas.
– Llévales esta bandeja. La reina es un hada y necesita glamour para poder seguir en este mundo. – Ante la mirada de confusión de su empleado continuó. – He usado una receta secreta que proporciona glamour a través de las galletas. Ya te la enseñaré.
Cuando volvió a subir descubrió que los dos estaban teniendo una conversación bastante acalorada. La reina quería contactar con los Heraldos de la Tempestad referente a la guerra de las hadas que se estaba realizando, sin embargo, Urajara le estaba dando largas. Esto aún causaba más conmoción a Carlos. ¿Sabría su jefe que pertenecía a dicho grupo? ¿Y qué querría de ellos esa mujer que se hacía pasar por Francine? La reina estaba a punto de perder los papeles por el nerviosismo y cuando vio acercarse al Hexen le atacó. Varias estacas de hielo salieron volando de sus dedos dirección a él, quien ni se inmutó. Para añadirle más confusión resultaba que la mujer realizaba magia de hielo al igual que él, aunque esto ya se lo había imaginado ya que el invierno siempre ha estado relacionado con el frio. Casi ni se había dado cuenta de que alrededor de esa mujer la temperatura había descendido drásticamente, ya que el poder del Hexen también estaba basado en el hielo. Las estacas no llegaron a impactarle ya que se estrellaron con un mucho invisible.
– Deberías tener más cuidado. – Le reprendió su jefe cogiendo la bandeja de galletas y dejándolas en la mesa. – Puedes irte.
Terminó la reunión, y lo que había sonsacado es que se reuniría con los Heraldos el próximo domingo. Cuando regresó a su casa se lo contó todo a Francine. Ella estaba tan sorprendida como él, y pidió poder asistir a la reunión.
Regresaron las clases y Carlos quería hablar con el profesor Mere. Se dio cuenta de que conforme avanzaban en el curso sus compañeros estaban cada vez más centrados. Sobre todo, en las clases de dicho profesor.
– He notado que mis compañeros están muy concentrados en tus clases. – Le comentó cuando estaban a solas en el despacho del profesor. – Supongo que tu no sabrás nada.
– Debe de ser que soy buen profesor.
– Ya. ¿Sabes lo que me dijo una vez el doctor Europe? Que antiguamente eras demasiado controlador y no dejabas que tus amigos tomasen decisiones por ellos mismos.
– Eso fue hace mucho.
– No le estarás lavando la cabeza a mis amigos, ¿no?
– No exactamente. Estoy abriendo sus mentes. Eso les dará ventaja para sobrevivir en el mundo que se avecina. Para cuando se sepa de la existencia de los sobrenaturales van a necesitar estos conocimientos.
– No me gusta que juegues con sus mentes.
– No he tenido más opción. Verás. Ya sabes que tengo muchos cuerpos. Uno de mis cuerpos ha sido secuestrado. El que te acompañó al hotel ese. La verdad es que no esperaba que se atreviesen. Están robándole la esencia. Ahora estoy planeando su liberación y los necesito. Te será bastante difícil rescatarme por el laberinto y enfrentarte a los minotauros tu solo.
– ¿Cómo?
– Tranquilo. Se que aún no estás preparado. Pero cuando lo estés tendré el equipo listo.
Carlos suspiró pensando que eso explicaba la desaparición de Tremere durante el juego de cartas. Aun así, no le había perdonado. Decidió cambiar de tema, ya que no conseguiría sacar nada limpio de él.
– Sabes. He estado en la torre. – Al escuchar eso Mere se puso tenso. – Tranquilo. No pienso hacer nada. No sé qué hay allí, pero es muy oscuro y poderoso. Ni siquiera se lo diré a nadie más.
Nada más termino de hablar, la cara del profesor palideció. Se diría que iba a comenzar a llorar de un momento a otro.
– ¿Qué ocurre?
– Nada. Es que aquellos que consideraba mis amigos me intentan traicionar y aquellos que consideraba mis enemigos ahora me están ayudando.
Se dio cuenta de que hablaba de su antigua vida. El ambiente se había congelado y prefirió dejarle allí con sus pensamientos. Sin embargo, antes de salir le dijo algo desconcertante.
– Felicidades anticipadas. El próximo lunes nacerá tu hija. La tienes que querer independientemente de su aspecto ya que es lo que has querido.
Por la tarde fue con Francine al teatro. Quería saber cómo lo estaban pasando los Heraldos por lo que tenía la intención de ponerse en contacto con otros Changelins. Dejó claro que el mejor sitio para buscar a los suyos era en ese recinto. Fueron bastante contentos por la salida la pareja junto con su amigo Dani, sin embargo, la obra no era muy buena y al hexen poco le faltó para dormirse. El resto de los espectadores, por el contrario, quedaron bastante contentos.
– Oye tío, ha sido buena. A mí me ha gustado mucho. – Se lo hizo saber su amigo.
– ¿Sí? Pues a mí me pareció que te aburrías un poco.
– Bueno, pero a medida que he cogido el tranquillo… Ostras, la tía está muy buena.
– Veo que tú también estás en la edad. – Le respondió Carlos poniéndole la mano en el hombro, con complicidad. – Pero nunca llegarás a mi nivel de perversión.
– Bueno, tampoco hace falta ser pervertido, ¿no?
– ¿Cómo qué no? Las mujeres desean que las mires, que las observes, que vayas a su camerino y las veas mientras se están cambiando o cuando se están duchando. Se arreglan tanto porque desean ser observadas. Así se sienten guapas y hermosas. Es nuestra obligación observarlas cuando están desnudas y espiarlas, para que así se sientan bien. Es el deber de todo hombre.
– Vale, vale.
Un grupo de gente salió del teatro. Eran personas bastante pálidas y se acercaron a Francine, quien estaba hablando con otras personas. Interrumpieron la conversación y comenzaron a hablar con ella. Poco después se fueron con lo que pudieron retomarla. Al finalizar, la changeling se acercó a ellos.
– Ya está. Si que hay Changelings. Vayámonos. – Mientras regresaban a casa continuó. Espero a que Dani no estuviese. -Todo va bien, he encontrado un grupo bastante chulo.
– Me alegro. Y ¿hay buenas noticias?
– Bueno, me han dicho que hay un doctor al que debo consultarle. Iremos juntos.
– Perfecto. Yo mañana tengo una reunión con mi padre, si quieres vamos el miércoles.
– Bueno, me han dicho dónde está. En el paso de Via Julia. Ese doctor tiene información. ¿Eh? ¿Una conversación con tu padre? ¿Qué le quieres decir?
– Quería hablar de varios temas con él. Por ejemplo, del sueño ese raro que tuve. Pero lo más importante es, ¿A dónde iremos cuando nazca Niki? Quiero decir, no creo que podamos ir a un hospital. En este tipo de cosas tendrán pensado algún sitio donde ir.

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