No humano 2

– Ese doctor nos ayudará.
– Pues entonces ya no hace falta que hable con mi padre.
– Bueno, no sé. Si quieres hablar con él no pasa nada.
– ¿Cómo se llama el doctor?
– Doctor Fernando Grasa.
– Vaya nombre más raro.
– Si que es raro. No sé de donde es, pero dicen que es un buen doctor. Y además es changeling así que tendremos confianza con él.
– Si, pero supongo que esto no será algo que se vea todos los días. Me refiero que un changeling embarazado no sucede muy a menudo, ¿no?
– Por supuesto. Nosotros somos humanos. Podemos tener hijos. Lo que pasa es que nuestros hijos no siempre se vuelven changelings. No va así. No necesariamente nuestra hija tendrá nuestros poderes. Nadie sabe exactamente en qué orden se producen las reencarnaciones, por lo que lo más normal es que nazca humana normal y corriente. En cambio, en tu familia sí que se producen cosas raras. Es más herencia de sangre.
– Si. Adoran la sangre casi tanto como los vampiros, aunque por otro tipo de fin.
– He comenzado a buscar los muebles.
– Está bien. ¿Y qué tal? Lo importante es la cama, aunque la nevera también, aunque de momento no la necesitamos.
– Bueno, estoy buscando juegos. Uno de comedor, uno de dormitorio, … Algo que compagine bien. De momento, todo lo que estoy encontrando es un poco caro, pero seguiré buscando.
– Tampoco te mates mucho. Si lo necesitamos puedo hacerlos de hielo. Y sino, seguro que la nave podría hacer algunos muebles.
– De hielo, pasaría mucho frio.
– Pues podría pedir a Virgilio que los hiciese. Una cunita.
– Si, he mirado. ¿Tú crees que tu esclavo podría hacer una?
– No es mi esclavo. Mira, acepto que sea mi sirviente, ya que él quiere, pero no es mi esclavo.
– Pero te trata como amo por lo que se convierte en un esclavo. Él lo busca y no es malo.
– ¿Tú estás también como Azalea?
– No, yo respeto a todas las personas y a todas las culturas. En su cultura se trata de esclavitud. En lo que nosotros entendemos como sirvientes a ellos parece que no les importa, incluso creo que les gusta servir. A mí no me importa. Yo siempre lo he tratado con respeto.
Carlos recordaba perfectamente todas las humillaciones y vejaciones que su novia había causado al pobre Virgilio y la miraba preguntándose si estaba de broma o ni siquiera se daba cuenta.
– Mejor no comentar el tema.
– ¿A qué hora empiezas hoy?
– A las nueve, si no recuerdo mal.
– Esta noche creo que tendrás una jornada bastante larga. Por lo que te recomiendo que duermas y que llegues tarde a clase.
– Tranquila. Últimamente parece que estoy empezando a conciliar el sueño. – Desde que regresó del futuro no podía dormir más que unas pocas horas ya que durante sus sueños le embargaban horribles pesadillas.
– ¿Y sabes cómo está, aquel del hospital?
– Me han dicho que le darán el alta la semana que viene. Parece que está en un hospital distinto.
– No sabía que esta ciudad era tan peligrosa.
– Antes no lo era. No sé si mi presencia aquí tiene algo que ver.
Después comenzó una conversación con Dani.
– Oye tío. Que son los changelings esos.
– Es muy complicado de explicar, pero tranquilo, ya lo entenderás.
– A mí no me van las drogas. Ya lo sabes.
– No. Es mucho más complicado que eso. No tiene nada que ver con sustancia psicotrópicas.
– Y los doctores ilegales, ya sabes que traen sus consecuencias. He visto los Simpsons. – Y se rio. – No, vigila. Que las cosas podrían salir mal.
– Las cosas ya están saliendo mal.
– ¿Qué dices? La obra ha estado bien. Y creo que he aprobado el último examen. Supongo que tú también.
– Aún me falta para ponerme a la altura, pero creo que ya os estoy pillando.
– Poco a poco. Tampoco es muy difícil. Desde que está el profesor Mere todo se ha agilizado un poco. No sé por qué. Parece que las cosas están saliendo bien.
– Me alegro de que pienses así.
– Bueno. Cuídate muchos. Nos vemos mañana en clase. ¿A qué hora vendrás?
– Intentaré estar a primera hora, pero depende de cuando me despierte.
– Bueno, diré que tienes diarrea. – Bromeó su amigo.
– Pero tiene que ser crónica. – Rio. – Y contagiosa, muy contagiosa. Para que cuando llegue a clase la cosa se ponga interesante.
– No sé. Yo no voy a dar detalles de estas cosas. Luego te estarás buscando tú la fama.
– Da igual. Te puedo asegurar de que no es lo peor que me han dicho.
Se despidieron quedando a solas los enamorados.
– Me ha caído bien tu amigo, pero no lo entiendo bien.
– Al parecer está recibiendo un lavado de cerebro especial del profesor Mere. Supongo que dentro de poco entenderá lo de las criaturas sobrenaturales.
– Eso es malo. No tiene que entender esas cosas. Nadie debería.
– ¿Cómo has cambiado de opinión? Antes querías que todo el mundo supiese que existen cosas sobrenaturales.
– La gente no está preparada en realidad. Si todo el mundo lo supiera, ¿qué harían los humanos normales y corrientes? Si supieran que en realidad están controlados por vampiros, que los changelings juegan con sus pasiones, que los hombres lobo se los comen, ¿qué crees que harían?
– No seas tan negativa. Tranquilízate un poco. También hay criaturas sobrenaturales que intentan ayudar a los humanos.
– Si, y se llaman cazadores. Y he escuchado historias sobre ellos.
– No me refería a ellos, me refería a los otros.
– Bueno, a lo mejor tu raza es diferente. No sé.
– Según tengo entendido, fuimos creados para proteger, pero eso no significa que haya muchos que se han desviado del camino.
– Estoy segura de que incluso en tu especie temen a la humanidad.
– No lo creo. Uno de los grandes defectos de mi raza es la increíble y desmesurada soberbia.
– No sé. Yo no veo que sea así.
– No has conocido precisamente a los más humildes de todos. – Dijo Carlos marcando comillas cuando dijo humildes.
– Tu padre no es así y tu tía tampoco.
– No te preocupes por eso. No es algo que podamos evitar. Ya sabes que cuando a él se le mete una cosa en la cabeza, no hay nada que hacer.
La conversación siguió hasta que llegaron a casa. Su madre había preparado la fiambrera para el trabajo.
– ¿Qué tal el teatro? – Le preguntó.
– Bien, estuvo entretenido. – Mintió.
En el momento que se iba notó que la habitación de su hermana estaba brillando.
– ¿Estás bien? Me voy a trabajar.
– Adiós. – El sonido de su voz era muy seco, rozando la hostilidad.
– Vale, vale. No seas tan borde.
– ¿Qué le pasa? – Le preguntó Francine.
– Bueno, ha estado haciendo cosas … suyas. – Contestó la madre. – Dice que no la molestemos.
– ¿Te han empezado a brillar las tetas? – Bromeó Carlos.
– Imbécil.
– No le pasa nada.

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