No humano 2

De camino al trabajo se encontró con la amiga del Hexen que había salvado. Decidió acercarse para informar.
– Buenas. Conseguí hablar con el profesor que te comenté. Me ha dicho que debido a sus heridas lo han tenido que trasladar a un hospital especializado, pero que esperan darle el alta la semana que viene.
– ¿Un hospital especializado? ¿Qué hospital?
– No me quiso decir el nombre.
– Han sido ellos. Lo han atrapado.
– Si dice que le darán el alta la semana que viene seguro que estará bien.
– He mirado en todos los hospitales y no está.
– Por lo que me han explicado le han llevado a uno de los que no aparecen en los mapas.
– Bueno, muchas gracias. – Respondió triste.
El Hexen se dio cuenta de que estaba realmente preocupada y que tenía la intención de realizar una locura por encontrarlo.
– Mira. Hagamos una cosa. Si la semana que viene no ha vuelto comenzaré a investigar. ¿Te parece?
– Si que volverá, pero no será el mismo.
– ¿A qué te refieres?
– Bueno, da igual. No te preocupes, ya has hecho mucho.
– Vale, pero no te metas en líos, por favor.
– ¿En líos? Si tú supieras…
– Trabajo en la tienda esa, normalmente por las noches. Si alguna vez necesitas mi ayuda avísame.
Al llegar al trabajo se encontró con un señor bastante grande y obeso. Hablaba con Juno. Mientras se preparaba tuvo la oportunidad de escuchar la conversación.
– Pero habíamos hecho un trato. – Dijo el señor. – Yo he cumplido mi parte.
– Si. Estoy segura de que Urajara se encargará de todo. Todo saldrá bien.
– Vine aquí porque teníais buenas referencias.
– No se preocupe señor conde. Solo espere un par de días más. Todo se solucionará.
– Un par de días. Estaríamos en el límite.
– Lo sabemos, pero de momento lo tenemos controlado.
– No sé si confiar en vosotros o ir a otro sitio.
– Usted debe de hablar con Urajara. Está arriba. Estoy segura de que le dirá todo lo que hemos progresado.
– No, es igual. Ya volveré de aquí dos días.
Después de irse Juno parecía aliviada.
– ¿Algún problema?
– Carlos. Ven, tengo cosas para ti.
Entraron en el despacho de Juno, donde se encontraba un pequeño mapa. Tenía varios puntos marcados. Sin embargo, ella estaba más interesada en una pizarra donde hay varias fotos y recortes de periódico.
– Tendrías que ir a cierto sitio. ¿Sabes conducir?
– No, pero tranquila, puedo desplazarme fácilmente. Mi problema es más bien la orientación.
– Verás, actualmente hay una cierta fiesta aquí. – Dijo indicando un recorte de periódico. El recorte ponía “La familia Underwitch celebrará un evento no lucrativo de beneficencia” – Allí dentro hay alguien que nos interesa. Necesitamos simplemente contactar con ella.
Le recortó un trozo de papel y se lo dio a Carlos.
– Ok. ¿Los de la fiesta pueden ser hostiles? ¿Es mejor ir camuflado? ¿Alguna recomendación?
– Te tengo que dar un pase. ¿Hostiles? ¿De qué estás hablando?
– No sé. A lo mejor dentro de la fiesta todos me toman por un enemigo y me atacan.
– Nadie te va a atacar. ¿De dónde vienes?
– Ya. Es que mi último año ha sido bastante movidito.
Juno le dio un sobre.
– Aquí tienes el pase. Tienes que contactar con la condesa. – Dijo mientras le mostraba una foto. – Sobre todo que no se te pierda el sobre y no lo abras.
– Vale. – Metió el sobre en una bolsa de plástico. – ¿Lo que contiene soporta el frio?
– Ningún problema. Lo que no soporta es la humedad.
El hexen teletransportó el sobre a su dimensión interior no sin antes asegurarse de que la bolsa lo protegería de la humedad.
– Tira, anda. Como pierdas el sobre vas a ver.
– Es imposible que lo pierda ahí dentro.
Carlos se fue volando. Sabía que estaba siendo vigilado, pero consideró que no hacerlo sería más molestia que la ocasionada por los observadores. Al aterrizar escogió un sitio apartado donde nadie le pudiese ver. A cinco manzanas de distancia encontró un callejón en el que podría cambiar sin problemas. En el mismo callejón modificó su ropa para que tomase la apariencia de esmoquin y sacó el sobre.
Una vez ya en el edificio tuvo que tratar con dos hombres de seguridad. Vestido con traje negro bloqueaban su avance. Su identificación le permitió acceder. El recibidor era bastante grande. Una moqueta de color rojo soportaba su peso. Un hombre con un anteojo, detrás de una taquilla de madera le miraba fijamente. Carraspeó y le dijo:
– Señor …
– Carlos.
– ¿Me deja su identificación? – Cuando la recibió continuo. – Alfred. – Una tercera persona apareció. – El señor Carlos ha venido. Por favor, notifíquelo.
– Por favor, señor. Acompáñeme. – Le dijo la tercera persona, quien cruzo la puerta por la que había entrado. Al traspasarla se vio en una sala inmensa con mucha gente bailando. – El señor Carlos ha venido. – Gritó. Toda la sala dirigió su mirada hacia el recién llegado. – Por favor señor, pase.
Dado que nadie le reconocía, los bailarines decidieron proseguir con su propósito. Comenzó a buscar a la condesa, pero todas las caras se le parecían.
– Señorita Madona. – Repitió el proceso el mismo hombre con el mismo resultado por parte de los bailarines.
En este caso la reconocieron y los invitados se acercaron a ella.
Un miembro de seguridad se acercó a Carlos. Al ponerse a su lado el hexen fue el primero en hablar.
– ¿Desea algo?
– No. ¿Y usted? Parece perdido.
– Si. Estoy buscando a cierta persona.
– Es posible que esta persona no haya llegado.
– En cuyo caso tendré que esperarla.
– ¿A quién está buscando?
– A la condesa.
– Ah. Está arriba.
Después de recibir unas indicaciones fue al lugar donde se encontraba la condesa. La puerta estaba abierta. Varias personas estaban hablando sentadas en unos sillones. Estaban formando dos grupos separados. Vio a la condesa y conforme se iba acercando notó el desprecio proveniente de las miradas de los presentes.
– Disculpe que le moleste. – Le dijo en un perfecto francés. – Me envía Urajara.
La condesa se levantó y con una disculpa a sus acompañantes se separó y fueron a otra habitación.
– ¿Cómo te llamas chico?
– Carlos.
– ¿Eres su mensajero?
– Al parecer, hoy sí. No le molestaré mucho tiempo. Básicamente me ha indicado que quiere reunirse con usted y me ha dado este sobre.
Al ver que la condesa le miraba fijamente sin cogerlo decidió abrirlo a pesar de la advertencia. Antes de ver el contenido ella se hizo con el sobre y sacó unos papeles. Carlos intentó disimular para ver de qué iban los papeles, sin embargo, lo hizo demasiado descarado. Pudo ver que se trataba de unos documentos. Se trataba de una lista de personas con datos, fotos, propiedades de cada uno e incluso su raza. Todos pertenecían a la misma organización, BlackEye.
– ¡Si! ¡Así se puede hacer! – gritó la condesa y arrancó una hoja. – Nunca habría dicho que ese hijo de puta tendría el secreto.
Estaba hablando sola. Sacó su móvil, ignorando la presencia del Hexen y llamó.

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