No humano 2

  • ¿Tantas ganas tienes?
  • Si.
  • Pues ahora yo no puedo.
  • Una de sus amigas está en peligro y ahora mismo no puede hacer nada. – Le aclaró Carlos. – Tiene ese sentimiento de impotencia.
  • Quiero saber toda la historia.

Estuvieron un rato charlando y explicando los detalles de lo ocurrido.

  • Os acompañaré. Tampoco me perdonaría si morís. Vamos a ver. Laura, ya sabes que tienes que hacer para prepararte.
  • Si. – Y les dejó solos.
  • ¿Y estás segura de desobedecer una orden de tu padre?- Preguntó a Carlos.
  • Tengo que escoger un bando y creo que escojo el de mi hermana.
  • Os acompaño para que no os pase nada, pero a tu padre esto le sentará como una patada en el culo. Igualmente, seguro que él ya se lo imagina.
  • Me estoy hartando de estar todo el rato sentado y esperando. Sé que papa está haciendo progresos, pero… sentirse que no puedes hacer nada y estar aquí encerrado… Ya es duro para mí. No quiero ni pensar cómo será para ella.
  • Sois demasiado jóvenes aún. No quiero decir que ese grupo sea poco problemático, sino al contrario. Lo tienen bastante bien organizado. El plan de esa tal Juno me parece bueno pero, como sabréis que carga es.
  • Supongo que por eso van a investigar esta noche.
  • Vamos tía. – Le dice Laura.
  • Está bien, está bien. La última vez me lloró y ahora mírala.
  • Es normal. ¿Acaso los humanos no se sienten más motivados por algo que quieren?

Carlos fue a presenciar el entrenamiento y se encontró con un duelo de espadas de madera. El combate estaba claramente descompensado y Encarna dio una buena paliza a su sobrina. Laura ni siquiera es capaz de seguir el ritmo del combate. El hexen se dio cuenta de que su tía era una experta en el uso de la espada y no daba cuartel en la pelea. También se dio cuenta de que no le estaba enseñando nada, simplemente la estaba machacando. Pelea tras pelea tras pelea y Laura continuamente en el suelo. Los infructuosos intentos de defensa eran superados por la rapidez de la maestra. Al final el combate resulto ser a una persona golpear a la otra sin que se pudiese defender.

  • ¿Esto es normal? – Le pregunta Francine.
  • No lo sé. Recuerda que a mí me entrenó Nikita y fue más duro que esto. – Mientras decía esto se dio cuenta de que a pesar de lo duro que fue su entrenamiento, su maestra le enseñó bastante. Por otro lado Encarna no estaba enseñando nada.

La paliza duró dos horas. Durante el descanso Carlos intervino.

  • Quizás sería conveniente que se enfrentase a alguien más cercano a su nivel.
  • Eso sería lo ideal. Al menos para que intentara dar algún golpe.
  • Si me permites, yo soy bastante más débil que tú.

Carlos cogió la espada de su tía y se preparó para el combate. En un principio pensó en quedarse a la defensiva, pero su hermana tampoco tenía intención de atacar, por lo que decidió dar el primer paso. Se lanzó al ataque y pudo impactarla sin esfuerzo. Ella contraatacó  intentando golpearle, pero su hermano bloqueó su ataque.

El combate duro un rato, mientras Carlos iba recordando los movimientos que le había enseñado Nikita. Desde que regreso a la universidad que no había tenido que luchar y su entrenamiento se había resentido un poco por ello.

Un golpe afortunado impactó en la pierna de ella y la hizo cojear.

  • Vamos Laura. – Animó la tía. – ¿Qué coño estás haciendo?

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