No humano 2

  • Vamos.  – Susurró el cambia formas. – Rápido.

Los tres salen por el agujero y se ponen a correr. Estaban a una altura considerable dentro del barco. Los tres se dirigía a la parte trasera del barco subidos en los contenedores mientras estos se iban amontonando. No parecía que hubiese nadie por ese parte, con lo que se pudieron escabullir. Al finalizar el camino bajaron de un salto de seis metros los contenedores. Carlos tuvo mala suerte al caer, pero el cuerpo resistente que había obtenido del entrenamiento con Nikita permitió resistirlo. Encima suyo cayo su hermana, clavándole las rodillas.

  • Veo que has engordado. – Se quejó el Hexen.
  • ¡Cállate! – Se quejó Laura y al levantarse preguntó. – ¿Estás bien?
  • Tranquila.
  • ¿Seguro?
  • Si.
  • Vamos. – Insistió el hombre cucaracha.

Siguieron corriendo por el barco hasta ocultarse detrás de unos barriles.

  • Creo que aquí estamos un poco seguros. Según he visto pasará un guardia de aquí poco. Después podremos movernos. Ahí dentro no había nada bueno. No sé si encontraremos a tu amiga tal y como la conocías. Esperemos que sí, pero lo que había ahí dentro … Os pido, por favor, calma. Probablemente estemos hasta la mañana buscándola.

El cambia formas sacó un extraño aparato y se puso a manipularlo. Enseguida se dieron cuenta de que se trataba de Morse.

  • Esperaremos aquí. ¿Estás bien de la caída?
  • Si. No te preocupes.

Un golpeteo les llegó a los oídos a través del aparato.

  • Esperaremos diez minutos. Luego, creo que podremos caminar tranquilamente por el otro lado del barco. Las cajas nos taparán y no habrá guardias. Se ha puesto un poco más complicado. La bodega de este barco se está utilizando también para almacenar la carga. Hay bastante trabajo y también hay muchas personas.

El aparato volvió a sonar.

  • Vamos.

Caminaron a paso ligero mientras el cambia formas no cesaba de mirar por la borda el agua. Se le veía nervioso. Llegaron a la mitad del barco sin que nadie les viera. Al final vieron el último contenedor, el cual se destacaba del resto por ser dorado. Uno de los guardias estaba patrullando por lo que se ocultaron detrás de otros barriles.

  • Vamos, entraremos.

Corrieron hasta la puerta de entrada del barco. Al abrir la puerta se encontraron con un largo y estrecho pasillo con varias puertas cerradas. Al fondo habían unas escaleras que subían y otras que bajaban.

  • Por aquí parece que no hay nadie. Hey. – Miró a Carlos. – ¿De dónde has sacado esa ropa? – Hasta ese momento no se había percatado que llevaba el mismo atuendo que los secuestradores.
  • Es el aparato que llevo.
  • Iros con mucho cuidado. Tenéis armas, ¿verdad?
  • Los cuchillos que nos disteis.
  • Bien. Esconderlos. Al fin y al cabo, somos unos polizones.

Bajaron por las escaleras.

  • Parece que abajo están la gran mayoría de personas que han raptado. Pero arriba están el capitán y los marineros y van a pilotar este barco. Miraremos abajo, pero yo le echaré un ojo arriba. No creo que tengáis problemas. Si veis a alguien, pasad de él.
  • ¿Cómo reconoceremos a los otros que estáis buscando?- Carlos sabía que sus acompañantes no estaba allí por la amiga de Laura. Tenía órdenes de rescatar a otros pasajeros y salvar a Silvia era un favor que no requería mucho más esfuerzo.
  • Tengo que hablar con una persona de aquí. Cuando sepa la información, bajaré donde estáis vosotros. Cuidado con vuestras habilidades.

Se separaron y al poco rato percibieron el olor a comida. En ese piso se toparon con otro pasillo y al parecer estaban cocinando. El aspecto era similar al anterior. Al fondo había un hombre de espaldas cocinando. Por suerte no tenían que recorrer el pasillo ya que las escaleras que utilizaban continuaban descendiendo. Estas se terminaban bruscamente con una puerta cerrada. Un cartel prohibía la entrada a cualquiera que no fuera del personal.

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