No humano 2

  • ¿Comenzamos a investigar por aquí?
  • No hay más salidas.

Utilizando su saber de hielo, Carlos creó una llave para la cerradura. Con su ayuda abrió la puerta. Un gran hedor, parecido a la gasolina, les llegó. Un camino rodeado de barandillas se les presentaba en frente, y este si dividía en tres. La sala donde habían entrado era enorme y mediante esas pasarelas podían atravesarlo por arriba mientras veían lo que había abajo. Un gran depósito de combustible se encontraba debajo suyo y también podían ver escaleras para descender. El depósito debía tener lo equivalente a tres pisos de altura, y no era el único de la estancia. Debajo suyo escuchaban voces en ruso.

  • Venga. Ahora te toca a ti.
  • Toma ya.

Tres corpulentos hombres se encontraban jugando a póker. Si alguno de ellos hubiese mirado hacia arriba les habrían visto.  También vieron que la entrada de los depósitos se encontraba abajo del todo.

  • ¿Cómo se supone que vamos a pasar esto sin utilizar nuestros saberes? – Preguntó Carlos a su hermana.

Su hermana le señaló una trampilla con una manivela que se encontraba justo en la cima de los tanques de combustible. Apenas había medio metro desde la pasarela a la trampilla. Los dos hermanos no eran muy sigilosos al acercarse a ella, sin embargo los tres matones estaban demasiado enfrascados en el juego para percatarse de su presencia.

Decidieron que era mejor entrar por la parte de arriba, por lo que saltaron hasta la trampilla. Sin embargo pronto se dieron cuenta de que la manivela para abrirla estaba atascada. A pesar de la increíble fuerza de Carlos, obtenida por la droga que le había dado su maestra, resultó ser un trabajo arduo. Sus músculos se hincharon y sus venas se marcaron por el esfuerzo que estaba haciendo. Poco a poco la manivela comenzó a girar.

Cuando se abrió, Carlos pidió las gafas de visión nocturna a Laura. Quería ver que se escondía dentro. Habían varias camas en el suelo. Por la distancia a las que las veía supuso que el depósito tenía varios pisos y el que estaba viendo era el de arriba. Después de buscar un rato vio otra trampilla en el suelo. Por desgracia no había ninguna escalera que bajase a donde se hallaban.

  • Supongo que tendremos que volar. – Susurró.

Calculó que habían tres metros de caída.

  • ¿Qué ves? – Preguntó Laura.
  • Creo que aquí es donde están los prisioneros.
  • Bajemos.

En vez de sacar sus alas, Carlos creó una cadena de hielo para descender. Al examinar las camas se encontró con varios cuerpo que tenían conectados diversas bolsas médicas. También tenían sondas y máquinas que controlaban su respiración artificial, así como sus constantes vitales. Ninguno de ellos era la persona que estaban buscando.

En el siguiente piso se encontró con Jorge, el Hexen al que había tiroteado unos días antes, sedado en una cama. Con todos los tubos que le salían del cuerpo le costó reconocerlo, sin embargo era él. Memorizo su localización y continuaron buscando a su amiga, pero a ella no la encontró en todo el depósito, ni siquiera en el piso inferior.

Al regreso desconectó a Jorge y lo envió a su dimensión interior. Ya había utilizado sus poderes, por lo que utilizar otros no cambiaría el resultado. Después salió del depósito y recogió las cadenas. Justo cuando cerraron la trampilla escucharon las voces de varias personas entrando.

En el segundo deposito encontraron a su amiga, sin embargo no la introdujo en su dimensión interior dado que era humana, con solo una bata de hospital y dentro la temperatura era realmente baja. Lo que hizo fue subirla por la cadena a pura fuerza. Al verla Laura comprendió el error, ya que con la confusión estaban rescatando a otra chica.

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