No humano 2

No tuvieron mucho tiempo para pensar. La alarma saltó.

  • Joder. – Escuchó.
  • ¿Qué ha pasado?
  • No está.
  • Cerrad las puertas, rápido. Tenemos que mantenerlo.

Alguien subía por las escaleras y para no ser descubiertos entraron en el depósito. Desde dentro no escuchaban nada, por lo que volvieron a revisar el recinto.

  • Mira a ver si está por aquí tu amiga. – Le dijo Carlos a su hermana dándole las gafas.
  • Dios mío. – Y al cabo de un rato. – No está aquí.

Cuando iban a salir escucharon movimiento fuera, pero antes dejaron la chica en su sitio. Después de eso la trampilla se abrió desde fuera y, casi como reflejo, se metieron debajo de la cama sin acabar de conectarla.

  • ¿Estáis aquí? – El que hablaba era el hombre cucaracha.

Se sintieron aliviados al encontrarle. Llevaba una persona de avanzada edad entre sus brazos. Salieron del escondite y le explicaron la situación:

  • Hemos examinado el primer bidón y he encontrado otro conocido mío.
  • Esos tres de ahí fuera ya no molestarán. Los cabrones han cortado las comunicaciones. Estamos solos. Hemos de ir con cuidado.

Con algo más de tranquilidad decidieron mirar los pisos inferior donde por fin encontraron a la amiga de Laura. Mientras la estaban sacando la Hexen preguntó a su hermano.

  • ¿Ya está? – Y como respuesta recibió las gafas.
  • Es esta, ¿no? Esta vez no me he equivocado.
  • ¡Sí!
  • ¿Cómo tenéis pensado sacarla? – Le pregunto al hombre cucaracha. – Al otro que he encontrado lo he metido en mi dimensión interior.
  • Hemos quedado aquí. Esos tres no molestarán. Tenemos tiempo, en teoría. Tres horas exactamente.
  • ¿Entonces qué? ¿La llevo en brazos o la meto en la dimensión interior?
  • Tenemos misiones separadas. Haz lo que te plazca.

Se quedó extrañado ya que pensaba que no podía utilizar sus saberes. Al comprender que no era así la introdujo en su dimensión interior sin preocuparse del frio que existía dentro.

  • ¿Quieres que meta al viejo también?
  • Hum, sí. Nos ahorrará bastante. Es seguro, ¿no?
  • Mientras yo no reciba demasiados daños.
  • Así que te has vuelto la gallina de los huevos de oro.

Más tarde salieron del depósito y se encontraron con el gigante del grupo.

  • Nosotros ya tenemos a los cuatro.  – Les dijo.
  • Nosotros tenemos dos y uno extra.
  • Perfecto. Ahora es mejor que vuelva. Os acompañaré fuera del puerto. La carga tiene que estar segura. Luego nos separaremos.

Laura cogió de la mano a su hermano.

  • Lo hemos conseguido.
  • Todavía no. Ahora tenemos que salir.

Al lado del gigante habían los tres matones atados y cuatro cuerpos inertes en el suelo.

  • ¿Puedes meter a estos cuatro? – Preguntó el hombre de las cucarachas.
  • Si.
  • Pero si utilizamos poderes … – Dijo el grandullón.
  • Si. Lo sé. Pero no podemos ocultarlo mucho más.
  • Nos estamos metiendo demasiado.
  • No podemos hacer nada. Igualmente nos hubieran descubierto.
  • Vamos a tener problemas. Muchos problemas.
  • Ya sabíamos que era una misión difícil. Ahora de perdidos al rio.
  • Está bien. – El grandullón cogió a los dos hermanos de los brazos. – Vayámonos de aquí.

Para volver cogieron un camino diferente al que habían usado. Al lado del barco había una lancha esperándoles.

  • Vamos chicos. Bajad.

Una vez en la lancha la conversación continuó.

  • ¿Cómo estáis?
  • Un poco preocupados por el vampiro ese.
  • Yo no me preocuparía demasiado.
  • No quiero que le pase nada a mi familia. Y menos cuando dentro de nada va a nacer mi hija.

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