No humano 2

  • No tengo mucho tiempo para entretenerme, pero no me dijiste que se volvería algo que me gustase. – Le recriminó Carlos a Mere.
  • ¿El qué?
  • Mi colega. Lo has zombificado.
  • ¿De qué estás hablando? Ahora está estudiando más que nunca. Mira el examen sorpresa que te has perdido. Un diez.
  • Ya. A costa de perder su voluntad.
  • No es verdad. Tienen su voluntad. Solo que ahora se sincronizan un poco mejor.
  • Es igual. Tú verás lo que haces. Tengo bastante prisa.
  • Algún día me lo agradecerás.
  • Es posible que ese día llegue dentro de poco.

Camino de casa estuvo hablando con Daniel, quien empezó a comportarse como de costumbre. Parecía que la fase autómata solo existía dentro del colegio.

  • ¿Cómo es que has llegado tan tarde?
  • ¿Y cómo es que falté ayer?
  • También, también.
  • He estado bastante liado.
  • El trabajo, ¿no? Ya decía yo. Deberías concentrarte en los estudios.
  • Por mucho que se empeñe mi padre, para mi es más importante Francine y mi hijo que los estudios.
  • Lo sé pero, piensa en tu futuro. Solo tienes una oportunidad.

A esta respuesta el Hexen no pudo contener la risa. Daniel, nunca habría dicho eso,  dejando claro la influencia que tenía Mere sobre él. Le habían lavado el cerebro.

  • Este fin de semana tenemos un campamento. ¿Te vienes?
  • Curro también los fines de semana.
  • Recorcholis. – Otra palabra que nunca habría dicho. – De acuerdo, pues iremos todos sin ti. Es una lástima, de verdad.
  • Qué le vamos a hacer. Divertidos.
  • Si. Aprenderemos muchas cosas. Y el material será gratis. Estoy un poco nervioso, la verdad.
  • ¿Por?
  • Nunca había ido a un campamento así.
  • ¿De qué es el campamento?
  • Gimnasia.
  • ¿Un campamento militar?
  • ¿Qué? No. ¿Cómo que militar? ¿Qué dices?
  • Es que ya me espero cualquier cosa.

La conversación prosiguió y Carlos se dio cuenta de que aún quedaban rastros de su antiguo amigo. Hablaron de Magic y otras frikadas. Estaba muy molesto por como Mere estaba tratando a su amigo, pero no podía hacer nada para evitarlo. Llego a casa y comió con su familia. La televisión estaba encendida y mostraba el noticiario.

  • Las playas están con bandera roja. Una tormenta ha hecho que los barcos no puedan faenar. Hay barcos desaparecidos. La tempestad ha impedido el desembarco de varios.
  • Vaya. ¿Qué debe de haber pasado? – Le preguntó su hermana.
  • No lo sé.
  • Bueno. Estas tormentas en verano son normales. – Respondió el padre, quien también estaba con ellos. – Son tormentas que duran apenas, dos o tres horas.
  • Silvia ya está en casa. Me ha llamado.
  • Me alegro.
  • Si. Todo salió bien. Voy a verla. – Laura se fue corriendo de la mesa.
  • Vaya, parece que está contenta. – Le dijo Francine.
  • Si.
  • ¿Al final qué? Parece que la desconfianza ha desaparecido. Me alegro muchísimo de que se haya resuelto esto.
  • Urajara me ha pedido que me implique más en el negocio. Me subiría el sueldo.
  • A mí no me importa.
  • ¿No afecta eso al gremio?
  • Depende. Si estuvieras en medio de una misión y el gremio te llamara, ¿qué harías?
  • No lo sé. Tendría que preguntarle qué pasaría en esos casos.
  • ¿Y si la misión fracasara porque tú te hubieras ido? Es una decisión difícil. Haz lo que quieras. Cuando llegue el momento, ni siquiera Urajara podrá retenernos. Es tu voluntad.
  • Tendré que pensarlo. – Besó a su novia. – Supongo que tendré que desvelarle a Urajara algo de mi existencia.

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