No humano 2

  • Termino de darles de comer y entramos los dos.
  • ¿Cuánto tiempo puedes tener eso ahí?
  • Nunca lo he probado, pero en principio, indefinidamente.
  • ¿Indefinidamente? Todo poder cuesta algo.
  • Nunca he buscado los límites de ese poder.
  • Es extraño. Igualmente por seguridad intentaremos organizarlo todo. Vayamos a ver qué es lo que tenemos.
  • Vale, pero ponte ropa de abrigo y límpiate las botas.

Cuando estuvieron listos entraron al almacén que el día anterior había creado Carlos en su dimensión interior. A pesar de estar dentro del edificio y de que Yuno iba abrigada, no pudo evitar ponerse a tiritar. Dentro del Hexen hacía frio.

  • Bienvenida a mi dimensión interior, – Dijo haciendo una reverencia burlona. – también conocida como Infierno.
  • Hace un poco de frio aquí.  Interesante poder. – La última frase la repitió unas cuantas veces, aunque parecía que se lo decía a sí misma. – ¿Hay alguien más aquí?
  • De vez en cuando entra Virgilio y además hay uno al que no nos gustaría encontrar.
  • ¿Es peligroso?
  • Sí, aunque no sé porqué, nunca ha hecho ningún movimiento.
  • Entonces debemos mover las cajas de aquí lo más pronto posible. Dime, ¿cómo haces esto? ¿Dónde estamos exactamente? ¿Lo sabes?
  • Pues no. Sé que esto es otro reino y según me dijeron está en mi alma. No sé mucho más.
  • A Urajara le encantaría ver esto, pero no lo presionemos aún. Está preocupado con el trato de esta mercancía. Has puesto aquí las más grandes. – Dijo mirando las cajas.
  • Sí. Había algunas que incluso no habrían cabido en la tienda.
  • Perfecto. Volvamos.

Antes de regresar Yuno cogió un poco de tierra y se la guardó.

  • Deberemos … – Yuno sacó una extraña pistola se la dio a Carlos. – Ven, sígueme. Dispara a todas las cajas con eso. Cuando se ponga en rojo devuélvemela.

El Hexen disparó a una de las cajas y esta disminuyo sensiblemente su tamaño.

  • Interesante poder.

Fue disparando a las cajas y cada vez que se encendía un led rojo Yuno volvía a cargar el arma. La jefa, además, iba haciendo inventario de las cajas, examinándolas con una lupa. Dos horas más tarde Carlos había acabado de reducir las cajas. Su tarea continuó dentro de su dimensión interior. En este caso, las cajas encogidas las introdujo dentro de otras cajas, de esta forma le resultaba más sencillo sacarlas fuera, o al menos eso creía él. Por alguna razón que desconocía, el esfuerzo era el mismo a pesar de estar encogidas. No tuvo más remedio que repetir el ritual. Informó del problema a su jefa.

  • Me va a costar un rato sacarlas.
  • ¿Un rato? Bueno, tómatelo con calma. Ahora que son pequeñas tenemos más espacio. ¿Cuánto tiempo tardarás?
  • Espero que no más de una hora.
  • De acuerdo. Te esperaré en la oficina.

Al salir de su despacho vio a Urajara entrar con una moqueta.

  • Hola.
  • Oh, Carlos. ¿Cómo estás? ¿Cuánto tiempo?
  • Bien. ¿Qué tal todo?
  • Bastante bien. He conseguido esta moqueta. ¿Me ayudas a ponerla en el despacho?
  • Guardo las cajas y te ayudo.
  • ¿Qué tal el material? ¿Ha llegado todo?
  • Espero que sí. Hemos tenido que encogerlo. Sino no cabría.
  • Lo que hay aquí es un gran tesoro. Información. Mucha información. Esperaré arriba.

Urajara estaba arrastrando la moqueta. Estaba claro que era demasiado grande para él. Eso le supo mal al Hexen quien decidió ayudarlo.

  • Ya guardaré la caja después.

La dejaron pegada a la pared de su oficina y la desplegaron. Era de color azul con grandes círculos de otros colores formando una malla.

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