No humano 2

Al llegar a cierta distancia se detuvieron y se quedaron observándole. Aprovechó para acercarse lentamente. Antes de llegar a ellos, pero asegurándose de que sus palabras serían escuchadas, preguntó.

  • ¿Quiénes sois? Me llamo Carlos. ¿Y vosotros? ¿Entendéis mi idioma? ¿Sabéis hablar?

Los extraños animales caminaban alejándose. Carlos había escuchado que la música amansaba las fieras e intentó tocar algo calmado. Intentaba que se calmasen porque tenía claro de que no confiaban en él. El resultado no se hizo esperar y se quedaron escuchando la música, aunque seguían sin acercarse.

Estuvo una hora tocando música, cambiando de vez en cuando de melodía. Después se dedicó a entrenar otra hora más.

  • ¡Amo!

Escuchó una voz familiar. Una criatura de poco más de medio metro, grisácea y con las orejas puntiagudas venía corriendo hacia él.

  • Muy buenas. ¿Los has creado tú?
  • ¡Amo! ¡Amo! ¿Te gusta?
  • Sí, mucho. ¿Cómo se alimentan?
  • Hasta el momento tengo que alimentarlos yo. Pero venga, venga. Hemos creado plantas, amo.
  • Sí que has avanzado.

Al girarse, Carlos vio que Virgilio tenía un extraño símbolo en la parte de atrás de la cabeza.

  • ¿Y este símbolo?
  • ¿Qué símbolo amo?
  • Tienes una uve detrás de la cabeza.
  • ¿Una uve? ¿Qué es una uve? No te entiendo.
  • Este símbolo. – Dijo dibujándolo en el suelo.
  • ¡Lo he conseguido! – Gritó entusiasmado.
  • ¿Qué pasa?
  • Ahora tengo privilegios.
  • ¿Y qué tal con la nave? – Decidió cambiar de tema ya que no entendía de qué estaba hablando.
  • Tal como pidió la estoy protegiendo. Estamos viajando a muchos sitios.
  • Me alegro. – Mientras pensaba “¿Yo le dije eso?”
  • Le echamos de menos, amo. Venga por aquí.
  • He estado pensando y creo que tenías razón. Si me voy a convertir en rey de este reino …
  • Por supuesto. Usted ya es rey de este reino. Pero, tenemos que librar una guerra mortal, amo. Él está por aquí.
  • Yo no estoy preparado para enfrentarme a él. Antes tendré que visitar mi planeta natal.

Nada más terminar de hablar el suelo comenzó a temblar.

  • ¿Qué pasa?

Virgilio estaba asustado y se agarraba con fuerza de sus orejas, como si eso le proporcionase seguridad.

  • Amo, debemos salir de aquí. ¡Rápido!

Viendo la urgencia de la situación, sacó sus alas y se fue volando llevando consigo a su siervo. En el sitio donde estaban se formó un enorme cráter. Las extrañas criaturas que había visto corrían luchando desesperadamente por su supervivencia. Sin embargo el cráter iba creciendo.

  • ¿Qué ha pasado? ¿Es él?
  • Amo, amo. Virgilio está convencido. Virgilio está convencido. Es él, es él, amo.
  • Mierda. En qué momento ha decidido actuar. Con lo fácil que era ignorarle.
  • Hemos intentado detectarlo, amo. Sabemos que si lo intentamos él aparecerá.
  • Sí. Yo lo intenté y casi me convierto en un insecto.
  • Él está esperando. Estamos convencidos de que está esperando.
  • Yo no estoy preparado para fusionarme con él.
  • Amo, peligro.
  • Vámonos fuera.

E inmediatamente se fueron del sitio. Mientras volaban le explicó que no había tenido ningún problema hasta ese momento. Carlos, por otro lado, estaba preocupado por el hecho de que Virgilio no podía alimentarse con la comida de la tierra, pero según él las perturbaciones le impedían regresar a la nave. Tenían que encontrar una solución. Mientras pensaba que hacer, Virgilio le indicó algunos alimentos terrestres que podía consumir. Eso le facilitó la toma de decisiones y salieron fuera de la dimensión interior.

Al regresar al dormitorio vieron que esta se había congelado.

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