No humano 2

  • Será mejor que calentemos esto un poco.

Pero la calefacción no funcionaba. Al salir de la habitación comprobaron que el frio cubría casi toda la casa. Alarmado, salió corriendo a buscar a Francine, quien estaba envuelta en varias mantas.

  • ¿Qué has hecho? – Le dijo nada más verle.
  • Sith estaba haciendo de las suyas.
  • Es como si te tirases un pedo, ¿no? ¿Qué es? ¿Un pedo astral o algo así?
  • No te quejes que estos no huelen.
  • Pero joden más que los otros.
  • Abriré las ventanas. Con el calor que hace fuera seguro que esto se calienta en seguida.

A Laura la encontraron en el comedor y a su padre en el lavabo.

  • Joder. Otra vez. Jugando con tus juguetitos.
  • Ha sido Sith. Ya sabes, mi alter ego. Ha decidido moverse.
  • Pues dile a ese tal Sith, si lo ves …
  • ¿Después de lo que pasó la última vez? ¿En qué me va a convertir ahora? ¿En una cucaracha?
  • Es tu destino. – Interrumpió Laura. – Conviértete en una cucaracha y dile que no puede seguir haciendo esto.
  • Como si fuese tan fácil.
  • Tranquilo. – Le dijo su padre cogiéndole de los hombros. – No te preocupes.
  • Tendré que buscar otro sitio donde abrir el portal. Está claro que aquí no puedo abrirlo.

Después de lo sucedido no pudo descansar. Tenía demasiadas cosas en la cabeza para poderlo hacer. Llego la mañana y vio que Francine tampoco había descansado. Los dos habían estado pensando esa noche y tenían de que hablar.

  • ¿Recuerdas el vidente del que te hablé? El que visitó la tienda. Algún día tendré que visitar el planeta del que procedo, pero he decidido que serás tú quien escoja cuando será.
  • No vamos a ir. No sabemos ni donde está.
  • Sé que el vidente lo sabe y aunque no lo supiese, más o menos por el poder que se supone que tengo y lo poco que sé del universo, me imagino que el planeta debe de estar cerca del centro. Estoy seguro de que si busco un poco averiguaré como llegar.
  • Carlos, quiero verla.
  • Pues ven. Miraré de protegerte, pero si la cosa se pone mal será mejor que te vayas.

Francine cogió la mano de Carlos y la puso en su corazón. Este estaba latiendo muy rápido y con fuerza.

  • Tranquilízate. Seguro que todo tiene una explicación.
  • He estado así desde que la vi.
  • ¿No deberíamos llamar al doctor?
  • Estoy segura de que tiene que ver con ella.
  • Urajara seguro que tiene alguna planta … en el caso de que pase algo raro.
  • Sí. – Dijo segura. Su tono de voz había cambiado y ahora era más firme. – Urajara es un buen tipo. Confía en él al cien por cien.

Francine acompañó a Carlos y camino al trabajo pasó por el parque como siempre ocurría cuando se dirigía a la tienda de Urajara. Un grupo de jóvenes aparecieron e intentaron detenerlos. Hablaron y quedaron en que después del trabajo se reuniría con Jorge, ya que este quería hablar con él. Le dieron una cajita antes de despedirse. El contenido era una jeringuilla.

  • No me digas que tú … – Se preocupó Francine.
  • No. No me enchufo nada. Ni siquiera sé si me afectaría la droga.
  • Guárdala para más tarde.
  • Estoy seguro de que esto no es droga. Ya me lo explicará Jorge cuando lo vea esta tarde. – Y lo guardó en su dimensión interior.

Cuando llegó se encontró la tienda vacía. No había nadie. Buscaron por todo el local para encontrarlos. Al picar en la oficina de Urajara le respondieron.

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