No te acerques a las vias

Como cada día decidí escoger el metro como medio de transporte. No era una forma de viajar que me agradase mucho ya que solía haber demasiada gente y con un gran incivismo, sin embargo las otras opciones me parecían peores. Además, lo consideraba un transporte adecuado a mí.

Compré un billete y lo use en los tornos. No comprendía la gente que se colaba y no pagaba. Si no tenían dinero pues que fuesen andando. Por si fuese poco después te quitaban el sitio dentro del tren.

Una vez en el andén revisé la fauna. Había un joven bastante escandaloso, de catorce o quince años y con la música bastante alta. La gente no paraba de mirarlo disimuladamente y podía notar su odio en esas miradas, sin embargo nadie decía nada. Por qué pensarán los jóvenes que nos interesa escuchar su música. Lo desestimé enseguida ya que atraía la atención de la gente demasiado y estaba acompañado de su grupo de amigos.

También había un anciano que caminaba con el bastón. Detrás de él se había formado una gran cola de gente que quería adelantarlo, pero se había puesto en la mitad del andén y no permitía que nadie pasase. Si caminase más cerca de la pared o de las vías no ocasionaría este problema. Que digan lo que quieran, para mí que lo hacen aposta. Aun así lo desestimé también.

Vi a una chica, pelirroja, de veintipocosaños. Estaba al borde del andén y se asomaba para ver si venía el tren. Era perfecta. Disimuladamente me puse detrás de ella. Estaba tan cerca que podía sentir su aroma a rosas y sin embargo ella no se había percatado de mi presencia. Era una pena. No quería hacerlo pero tenían que entender, entender lo peligroso que era el metro y lo incívicos que estaban siendo. ¿Acaso no había un panel que indicaba cuanto faltaba?

Ya lo tenía todo planeado. Esperaría que llegase el tren y cuando estuviese entrando en la estación un pequeño empujón haría el resto. El chico de la música me estaba proporcionando una buena distracción y el anciano dificultaría el paso si alguien me persiguiese.

Escuché el sonido del tren. Ya llegaba y con él el final de la vida de la chica. Acerque las manos a su espalda pero entonces la chica se giró y se alejó de las vías. No sé si me llegó siquiera a ver. ¿Sería consciente de lo poco que le había faltado para que su vida se extinguiese?

Mi víctima se había escapado pero no era un problema. Ya conseguiría otra víctima a la vuelta. Sería por falta de incívicos.

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