Prisión Infierno

Comenzó a andar hacía la siguiente puerta mientras observaba su alrededor intentando encontrar a Eric. El recinto era bastante grande y debía medir unos ocho metros de altura. Su techo era abombado con lo que la parte central, que era la más alta, debía llegar a unos diez metros de altura. Antonio pensó que el techo se debía de poder ver desde fuera, ya que no habían descendido tanto, pero no recordaba haberlo visto antes por lo que pensó que quizás la pintura lo camuflaba. Desde dentro las paredes, el techo y el suelo poseían un color blanco grisáceo, como si la suciedad hubiese hecho que dejase de ser blanco completamente. Salvo la presencia de los otros presos y de un elevado número de columnas, el recinto estaba vacío, aún así era imposible ver a todos los prisioneros que se encontraban ahí.

Mientras Antonio analizaba la situación se tropezó con un grupo de prisioneros bastantes fornidos. Eran cinco y empuñaban una serie de huesos afilados y acabados en punta. Antonio pensó en cómo podían haber conseguido dichas armas, no había examinado la comida pero según había leído se trataba de barritas energéticas. Esos huesos los tendría que haber extraído de otros presos. Uno de los presos, que era un poco más voluminoso que el resto, le apuntó con el hueso y le dijo.

  • Ya nos puedes ir dando la bolsa de la comida si quieres que no te llenemos de agujeros.
  • ¿Cuánto tiempo lleváis en este círculo? ¿Tanto miedo os da lo que hay en los otros círculos que tenéis que robarles la comida a los otros presos? Aunque eso demuestra un cierto grado de inteligencia, pues unos pobres matones nunca llegarán al nivel de la verdadera monstruosidad.

El líder del grupo, al no saber si le estaba retando o si se estaba burlando de él, decidió solucionarlo por la vía rápida y le lanzó una estocada al cuello. Antonio, que poseía mucha más experiencia en combate que su rival, lanzó un golpe rápido con la palma de la mano a la nariz de su adversario rompiéndosela. Al ver la sangre escapar de su nariz el resto de prisioneros se confundieron sin saber qué hacer, momento que aprovechó Antonio para salir corriendo. Podría haber vencido a dichos prisioneros, pero no quería alterar el hábitat que había y en algún momento podría necesitar la ayuda de ellos. Por otro lado, si le diesen muchos problemas, siempre podría rematar el trabajo.

Descartando este incidente, Antonio pudo llegar a la puerta sin ningún otro imprevisto, con lo que se puso a esperar. De mientras, iba preguntando a presos que decidían avanzar al siguiente nivel, intentando averiguar si se habían tropezado con Eric. Algunas de las respuestas le alivio al comprender que Eric aún no había cruzado esa puerta.

 

Eric fue tan afortunado al entrar en la prisión. Durante todo el trayecto se lo había pasado intentando sobornar a los guardias para que le dejasen ir y amenazándolos con informar a su padre de sus acciones en caso de no dejarle suelto. Las amenazan acabaron en una paliza que le dejo aturdido durante casi todo el trayecto, pero el intento de soborno no paso desapercibido para los otros presos. En el momento de entrar en la prisión, los dos presos más grandes que le acompañaban decidieron capturarle. Dichos presos medían claramente más de un metro ochenta y su peso rondaba cerca de los cien quilos. Eric por otro lado no era más que un muchacho, que aunque atractivo, era bastante escuálido. De pelo rubio y ojos azules era una víctima perfecta para ser violado en la prisión y el haber tenido una vida de privilegios le había privado de la capacidad de defenderse en una situación conflictiva.

 

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