Prisión Infierno

Cuando los dos presos se abalanzaron sobre él, este no pudo siquiera comprender su situación y no opuso ningún tipo de resistencia. Los presos utilizaron las correas de su mochila para amarrarle los brazos y se lo llevaron lejos de la entrada. Aún no habían decidido qué hacer con él. ¿Debían pedir un rescate o quizás solicitar una recompensa? A pesar de lo fuerte que eran, su inteligencia era bastante pobre y no comprendían que no podrían realizar ninguna de esas acciones sin antes pasar por el resto de círculos. Tampoco tenían claro cuando dinero pedirían por la recompensa. Todas estas dudas les llevaron finalmente a una discusión y de la discusión pasaron a las manos y los puños, lo cual aprovecho Eric para salir corriendo. Los dos presos corrieron detrás de él y aunque les sacaba cierta ventaja, la mochila que le sujetaba los brazos hacía que no pudiese correr mucho.

En esta situación los dos presos no habrían tardado en atraparle, pero Eric tropezón de frente con el mismo presos que unos minutos más tarde atacaría a Antonio.

  • Fijaos chicos. Comida a domicilio. Ya nos la vienen a traer y todo. – Dijo el nuevo preso.

Los dos presos que perseguían a Eric se pusieron en guardia, pues no querían perder su presa de forma tan fácil, pero aunque eran unos peces grandes en esa piscina, con los que se habían topado eran aún más grandes. Los dos presos fueron apuñalados por la espalda por otros dos presos.

  • Quedaos con el cambio. – Dijo el líder del nuevo grupo.

Eric intento huir de los presos pero el líder le cogió de brazo.

  • Dejarme ir. Mi padre es rico, os dará lo que queráis. – Dijo Eric.

La respuesta fue una sonora carcajada del resto del grupo.

  • Vaya, parece que hemos cogido una buena presa. – Continuó el líder y acto seguido derribó a Eric de una puñetazo en la mandíbula. – ¿Crees que nos vamos a tragar que siendo rico te han enviado aquí? En esta prisión ya no hay ricos ni poderosos, solo estamos nosotros. – Dijo señalando al resto del grupo.

En ese momento se fijó en un pequeño grupo de dos mujeres y hombre que estaban siendo acosados por los mismos presos. Una de las chicas, de piel blanca y pelo moreno, tenía bastante mala cara, como si le hubiesen dado una paliza. Los otros dos estaban mirando de ayudar a la pobre chica.

  • Lo único que nos interesa es tu bolsa de comida. Dánosla y te dejaremos en paz. – El líder dijo.
  • Pero sin la mochila me moriré de hambre.
  • Eso no es problema nuestro. Además, se puede cruzar la prisión en dos días, solo pasaras un poco de hambre. – Y volvieron a reírse.

Eric, temeroso de lo que le pudiesen hacer esos criminales, se despojó de su mochila triste, pues sabia que se tendría que enfrentar a la muerte antes de lo esperado. Pero curiosamente no tenía miedo, pues esperaba que los guardianes pudiesen ser sobornados. Que esos imbéciles no se pudiesen comprar, no significaba que el resto no.

Al obtener la mochila el grupo de prisioneros se fue, dejando solo a los cuatro perdedores y los dos cadáveres que acababan de dejar. Eric se acerco a los tres chicos y los pudo observar mejor. La chica herida era bastante guapa, pero la otra era incluso mejor, una pelirroja de ojos azules y cuerpo esbelto estaba ante él. El chico era rubio y de ojos azules, lo consideraría bastante atractivo si le gustasen los hombres.

  • Ellos se pierden el negocio. Me llamo Eric Lanusse y soy hijo del multimillonario Lanusse. Mi padre os dará una buena fortuna si me ayudáis a salir. ¿Os podéis creer la suerte que tenéis?

 

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