Prisión Infierno

El silencio fue su respuesta. Eric estaba molesto porque hasta el momento su nombre y su fortuna le había abierto todas las puertas que encontraba, pero ahora estaba en un lugar en donde no ocurría esto y no estaba acostumbrado.

Unos instantes después la chica malherida se levantó. Eric no percibió ningún golpe en el cuerpo, pero presentaba un buen moratón en la mejilla y tenía el labio roto.

  • ¿Así que quieres salir de aquí? Pues lo siento mucho pero yo no hago de niñera. Si quieres unirte a nosotros eres bien recibido, pero te tendrás que cuidar por ti mismo. – Le contestó la chica herida y una afirmación con la cabeza fue la respuesta de Eric, quien se había quedado sin palabras. Ante la respuesta la chica continuó. – Mi nombré es Laura, y los de detrás mío son Bianca y Marc, un placer conocerte.

Después de las presentaciones de rigor se comenzaron a preguntar cuál sería la mejor opción a escoger. Después de pensar un breve rato tiempo decidieron que lo mejor sería intentar pasar lo antes posible, ya que de lo contrario tendrían que hacerlo con las fuerzas menguadas por la inanición. Al llegar a la puerta se encontraron con un señor de unos treinta y muchos años, moreno y aunque sin llegar a ser atractivo, tenía una aureola de misterio y un seriedad que le ofrecía cierto encanto. Este señor se acercó a ellos y preguntó.

  • ¿Eric Lanusse? Tu padre me envía a sacarte de aquí.

A Eric se le encendió la cara al comprender que su nombre seguía teniendo algún valor y con un aire de soberbia contestó.

  • Has tardado mucho. Sabes la cantidad de problemas que he …
  • ¿Esos vienen contigo? – Interrumpió Antonio señalando al resto del grupo.
  • Eso depende de que estén dispuestos a …
  • ¿Donde están vuestras mochilas? – Esta vez la pregunta iba dirigida a un miembro de este pequeño grupo, aunque la respuesta fue realizada por el mismo Eric.
  • Un grupo de matones nos la quitaron. Me enfrente valientemente a ellos pero eran demasiados. No hay nada que hacer, tendrás que compartir tu mochila conmigo.
  • Necesito una descripción lo más detallada posible de esos matones.

Eric comenzaba a estar molesto con el tono de Antonio, pero aún así era su mejor baza, ya pensaría como castigarle cuando estuviera libre de la prisión.

  • Dado mi increíble memoria de alguien superior a unos pobres muertos de hambre, te puedo dar una descripción bastante detallada. – Continuó con su soberbia Eric.

Después de darle una descripción bastante pobre de los ladrones, al ser los mismos que habían atacado a Antonio este se pudo hacer una idea de a quién se refería. Le dio su mochila a Eric y le dijo.

  • Enseguida vuelvo.
  • ¡Quien te crees que eres para tratarme así! ¡Quédate ahora mismo!– Gritó furioso Eric.
  • Me puedes llamar Virgilio. Y necesitamos esa comida. Ya es suficientemente difícil superar esta prisión para que tengamos que preocuparnos por el hambre. – Y siguió alejándose ignorando los improperios de Eric.

El resto del grupo estaba un poco desconcertados pero seguían ignorando la fanfarronería de Eric.

Antonio no tardó en encontrarse con el grupo de matones que habían robado las mochilas, y ellos no tardaron en reconocerle rodeándole.

  • Bastardo. Me rompiste la nariz. Te lo voy a hacer pagar con creces. – Dijo el líder.

Antonio estaba comenzando a impacientarse con la actitud de esos criminales, pero no quería matarlos pues, aunque era un asesino en serie, le seguía desagradando la idea de quitarle la vida a otro. Además, en esa prisión tarde o temprano otro se la quitaría a ellos.

 

 

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