Prision Infierno

  • He venido a por cuatro mochilas de comida. Dádmelas y os dejaré ir sin ningún percance. – Le dijo Antonio al líder.

Este, enfadado por el comentario levanto el puño con la intención de golpearle. Antonio esquivo fácilmente el golpe y pudo vislumbrar una sonrisa del líder. Dos compañeros suyos se habían lanzado con sus huesos-puñal, atacando a Antonio desde la espalda. El asesino, imaginándose que era lo que ocurría, avanzo hacia el líder esquivándolo y poniéndose detrás suyo. Al poner el cuerpo de su líder de escudo, los dos matones detuvieron su carrera. El líder quedó durante un segundo desconcertado, fue muy breve el tiempo pero Antonio lo aprovecho para darle una fuerte patada en el costado rompiéndole un par de costillas. El líder se agacho gimiendo de dolor y Antonio se apoyo con el pie encima del líder para saltar hacia los dos matones de los puñales. Cogió los brazos que sostenían los huesos cada uno con una mano y de un cabezazo le rompió la nariz a uno de ellos. Después soltó al pobre preso del cabezazo y utilizando sus dos manos rompió el brazo del tercer preso capturando su daga y, ante la atónita mirada de los dos matones que quedaban y que aun no habían podido reaccionar, puso el hueso justo encima del ojo del líder y le dijo.

  • No quiero tener que mataros. Dadme las cuatro mochilas y os dejaré en paz.

El líder, con una mirada de rabia asesina, no pudo sino asentir a sus dos compañeros que aun estaban en condiciones, o habría perdido sin dudarlo un ojo y quizás algo más. Una vez recuperó las cuatro mochilas Antonio les dijo.

  • Estáis empezando a serme una molestia y ya tengo suficientes problemas ahora mismo. Si os vuelvo a ver cerca mío os mataré.

Las palabras de Antonio no mostraban ningún signo de amenaza, ira o sed de sangre, al contrario, eran completamente frías, como si el asesinato de ellos fuese una certeza. En cambio, su mirada era de alguien que hablaba bien en serio y que ya había cumplido esa amenaza anteriormente. Esos matones ya la conocían bastante bien, pues se habían encontrado muchas veces con tipos bastante peligrosos, por lo que decidieron dejarle ir sin decir ninguna palabra.

 

Cuando Antonio regresó trayendo las cuatro mochilas se les iluminó la cara resto del grupo. Les soltó una mochila a cada uno y les dijo.

  • Cada uno de vosotros es responsable de su propia mochila. Tendrá que guardarla y racionalizarla para que no le falte. Que ninguno se piense que podrá pedirle a otro comida o agua cuando se quede sin. No sé cuánto tiempo tardaremos en salir, pero es probable que tardemos bastantes días. Tenerlo eso en cuenta.

Después de eso se dirigieron los cinco a la puerta, un poco más esperanzados que cuando entraron en la prisión.

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