Terror nocturno

Se despertó inquieto. Algo no iba bien, pero se veía incapaz de decir el qué. Ningún ruido se escuchaba y en la penumbra no vislumbraba ninguna figura amenazante, aún así sabía que algo no iba bien. ¿Qué le había despertado?

Su corazón latía rápidamente, su respiración era agitaba, sus pupilas se agrandaban intentando captar el más leve haz de luz y no dejaba de sudar. No estaba solo. Lo qué fuera que le había despertado continuaba allí, lo sabía.

El armario era lo suficientemente grande como para que alguien se escondiese dentro y la oscuridad no permitía ver por la puerta a medio abrir. La silla, con la ropa apoyada, podía resultar ser una criatura sentada en ella, la oscuridad lo hacía posible y no recordaba que había puesto encima de ella para negarlo. En la cómoda no cabía ningún humano, pero quien decía que lo que había en la habitación lo era y quizás los cuentos que le contaban de pequeño fuesen verdad. Y en el pasillo que había detrás de la puerta, un centenar de posibilidades cada cual más espantosa, podría encontrarse ahí.

Como cada noche, tenía la necesidad de orinar, sin embargo no era capaz de ello. Apenas había unos pocos metros hasta el lavabo, aunque si decidía recorrerlos, lo que sea que se encontraba en la habitación podría atacarle, saltar sobre él como una bestia y acabar con él. Decidió permanecer en la cama, cubierto por las sabanas, como si estas fuesen un escudo mágico que le protegiesen de todo mal. Y esperó.

Las horas pasaban y solo escuchaba los latidos de su corazón, realizar cualquier movimiento era demasiado arriesgado. Hasta que, por fin, los primeros rayos del amanecer se colaron por la ventana mostrando lo que en la habitación se escondía. El armario, que parecía tan amenazador hace unos minutos, como si alguien se háyase escondido dentro, ahora se mostraba inocente. La silla con la ropa, la cómoda, la puerta de la habitación, todos esos elementos que le angustiaban se mostraban inofensivos con la luz.

Se levantó y se marchó, no sin antes despedirse de los cadáveres de los antiguos inquilinos. Ahora tendría que asaltar otra casa. Esta también le daba miedo.

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